EL ECO DEL AMOR
El amor no es constante,
sino eco que se demora
en las paredes del tiempo.
A veces lejano,
como voz que se pierde,
pero nunca extinguido:
solo espera el silencio preciso
para volver a nombrarnos.
Lo habitamos creyendo que lo poseemos,
y sin embargo es él quien nos habita,
nos transforma en lo que duele
y en lo que salva.
Al final, no somos dueños del amor:
somos el eco que aprende
a llevar su luz y su tormenta
con la misma humildad,
habitando el misterio,
siendo parte del todo.
— LMML