Nocturno_Arrecife

Fragmentos de ti

Siento que no me amas.
Hay días en los que creo que todavía me quieres,
otros en los que apenas me sostienes en tu vida,
y algunos donde parezco convertirme en un recuerdo
antes incluso de haberme ido.

Tu manera de amar se clava como espinas bajo mi piel.
Marchitaste mi sonrisa
y la luz que alguna vez vivió en mis ojos
te la llevaste contigo sin mirar atrás.

Matas lentamente mi corazón,
me arrancas la ilusión, la esperanza
y la fe que un día tuve en el amor.

Te llevas todo de mí
y aun así nunca consigues verme de verdad.

Prometiste el cielo,
pero dejaste mis manos vacías.
Y aun con todas tus ausencias,
con todos los silencios que dejaste entre nosotros,
quisiera hablar de ti a todas horas,
porque aunque ya no me ames como antes,
yo sigo amándote con la misma intensidad
con la que se ama aquello que termina destruyéndonos.

Aunque tuviera que morir mil veces,
daría lo que fuera por volver a tocar tus labios,
por refugiarme una vez más en tus abrazos,
por sentir, aunque fuera un instante,
que todavía soy hogar para ti.

Tu recuerdo es luz y niebla al mismo tiempo:
duele, pero todavía ilumina.
Porque a pesar del tiempo,
siguen viviendo en mí
los momentos felices a tu lado.

Y quizá ese es mi mayor desastre:
que mientras tú aprendías a olvidarme,
yo seguía buscándote incluso en mis pensamientos.

Sé que el amor no debería sentirse así.
No debería doler la incertidumbre
de sentirse amado un día
y completamente solo al siguiente.

Tarde entendí que no me amas…
o tal vez me amas a tu manera,
pero yo no quiero un amor que queme,
un amor que destruya mientras abraza,
un amor que haga sangrar el alma en silencio.

Si tan solo escucharas mis súplicas un segundo,
te diría entre lágrimas que me libres de ti.
Porque te amo…
pero nunca estás.
Porque dices amarme,
pero jamás logro sentirme importante para ti.

Tu tiempo se vuelve oro cuando se trata de mí.
Ya no me hablas con ternura
y cada vez que pregunto qué sucede,
tu respuesta siempre es la misma:

“No es nada”.

Pero sí es algo.
Es esta distancia que me rompe lentamente,
este silencio que me consume,
esta manera tuya de irte
sin mover un solo paso.

Le ruego a Dios que me ayude,
porque ya ni siquiera puedo sostenerme sola.
Me pregunto por qué me haces esto,
por qué conviertes el amor en una herida
que nunca deja de sangrar.

Y aunque intento no perder mi dignidad,
aunque cada decepción hace que te quiera un poco menos,
todavía me duele soltarte.

Por eso te estoy dejando ir poco a poco,
aunque el alma se me rompa en el intento,
y ni siquiera lo notas.

Porque cuando me miras,
soy transparente en tus ojos,
como un cristal vacío atravesado por la indiferencia.

No vivo en tus pensamientos,
no habito tu corazón,
no soy el lugar al que deseas volver.

Y entendí, al fin,
que, para ti, yo nunca fui realmente alguien indispensable.