Amanda Garcia

La cicatriz de tu ausencia

Desde entonces he comprendido que el amor no siempre termina cuando termina la historia. A veces sobrevive. Cambia de forma, aprende a esconderse, se vuelve recuerdo, costumbre, herida o refugio, pero permanece. Obstinado e invencible. Habitando los rincones donde la razón nunca consigue entrar.
Te pienso de la misma manera en que se piensa una ciudad abandonada: con la certeza de que ya no pertenece a nadie y, sin embargo, sigue siendo hogar.
Hay noches en que regreso a ti sin moverme de la cama. Recorro el territorio intacto de tu memoria. Reconozco cada calle, cada gesto, cada palabra que alguna vez me sostuvo cuando el mundo pesaba demasiado.
Y entonces ocurre lo inevitable.
La nostalgia abre sus ventanas.
El pasado respira.
Y tu nombre vuelve a encender todas las habitaciones de mi alma.
Qué extraña condena esta de sobrevivir a ciertas personas.
Porque el tiempo pasa sobre los calendarios, pero hay amores sobre los que no consigue pasar jamás.
Siguen allí.
Suspendidos en una región secreta donde no envejecen los abrazos, donde las despedidas nunca terminan de suceder y donde una parte de nosotros continúa esperando algo que sabe imposible.
Quizás por eso no escribo sobre ti.
Escribo desde ti.
Desde la cicatriz luminosa que dejaste en mi historia.
Desde la ausencia que aprendió a hablar con tu voz.
Desde este amor que ya no me pertenece y que, aun así, continúa escribiendo cada página que llevo dentro.