La lluvia empezó a empapar las paredes de las humildes casas.
A la luz del farol parecían vivas, llenas de color.
Enverdeció el pasto seco y las plantas cobraron vida.
Eso lo vi mientras tomaba sorbos de café dulce con agua destilada,
con ojeras hasta el suelo, cabello cenizo y mirada vacía.
—¡Eureka!
Tal vez deba beber café con agua de lluvia.
Autor: Héctor Franco