HECTOR FRANCO

¡Eureka!

La lluvia empezó a empapar las paredes de las humildes casas.

A la luz del farol parecían vivas, llenas de color.
Enverdeció el pasto seco y las plantas cobraron vida.

Eso lo vi mientras tomaba sorbos de café dulce con agua destilada,
con ojeras hasta el suelo, cabello cenizo y mirada vacía.

—¡Eureka!
Tal vez deba beber café con agua de lluvia.

 

Autor: Héctor Franco