Fantasmas.
Sobreviven como sombras
en nuestro cerebro,
si pensamos en ellos.
Se convierten en monstruos,
mientras dormimos,
hasta que llega el desvelo.
Hielo.
El frío convirtió
la nieve
en hielo.
Puerta cerrada
a cal y canto.
Parece que no hay nadie
dentro de la casa.
Desencuentro.
Amistad como reliquia.
Agendas repletas
de no hay ganas.
Alarmas sordas
de fuego extinguido.
Memoria indigesta
de recuerdos fundidos.
Perdido.
Caminos torcidos
con puentes rotos.
Dar vueltas al mismo punto,
sin moverse del sitio.
Sentarse a descansar,
mientras avanza
la tormenta.