¡Si no vienes, yo me muero!
Porque agobia la rutina
y tu luz, cuando ilumina,
es brillante cual lucero.
Tú bien sabes que te quiero,
tú bien sabes que te extraño
y me causa mucho daño
encontrarme con tu ausencia
porque es bella tu presencia
como flores de un castaño.
Cuantas veces que tú quieras,
cuantas veces yo te digo
que quisiera estar contigo
como el sol en las riberas.
Y pregunto: ¿tú que esperas,
a sabiendas que te espero?
¡Si no vienes, yo me muero!
Con la angustia aquí en el alma
porque pierdo más la calma
sin poder decir: ¡te quiero!
Y no basta que te diga:
¡Si no vienes, yo me muero!
Este amor no es pasajero
y tu ausencia, me castiga.
¿Qué más quieres que te diga?
¡Tu silencio me disloca,
mientras que mi voz te invoca!
Siempre espero que regreses
que me abraces, que me beses,
con los labios de tu boca.
Pero piensa en lo que digo
si es que acaso aún te importo
pues tu ausencia no soporto,
tengo el alma de testigo.
¡Quiero estar siempre contigo,
pues sin ti, me desespero!
Soy sincero, no embustero
y quisiera hoy encontrarte,
pues deseo confesarte:
¡Si no vienes, yo me muero!