Sé que clavarás con tu olvido el último clavo de mi féretro, indómita esperanza. ¿Cuánto tiempo arrastraré estas cadenas de la desgracia? Seguro el invierno quemará mi carne, y la desdichada melancolía anidará en mi aposento. Noche tras noche mi alma buscará en vano tu rostro de porcelana, ofrendaré al olvido mi sangre y mi carne. No hay esperanza donde la muerte ha subyugado la vida, el desamor es un cadáver donde nunca florecen jazmines ni se cosechan rosas. Solo queda un lienzo desfigurado y confuso, donde a veces solo se logra ver un pensamiento o una tarde de verano. Fui tu amante, fuiste mi amante, pero siempre el tiempo erosiona las pasiones.