Me llegaron dañadas.
Pedí unas zapatillas
por una web fraudulenta
y me llegaron defectuosas.
Entré, dentro de la web,
en el espacio de atención
al cliente y me atendieron,
una chica, rubia, ojos azules,
voz melodiosa, boca de fresa,
me recibió con que se llama X
y en qué podía ayudarle,
yo le dije que Y y que un pedido
me llegó en mal estado, me pidió
el número de pedido y el número
de teléfono, yo le pedí el suyo,
me dijo que lo sentía pero por la ley
de protección de datos no podía,
le respondí que por la ley de protección
de datos tampoco le daba el mío,
me preguntó la dirección de envío,
que en esta ocasión coincidía,
con la de mi casa, le contesté
que me dijera la dirección de su casa,
me la dio, no fuera que le saliera
con lo de la ley de protección de datos
y volviera la mula al trigo, le pregunté
que a que hora solía estar para visitarla,
me iba a decir lo de la ley... pero reculó
y me lo dijo; total, que terminó la llamada
con el gracias por llamar a Z y que pase
un bue día, y raudo me vestí y fui.
Resulta que estaba teletrabajando
y no me lo dijo —me enteré en su cama,
cuando hacíamos...— (no me imaginé
que fuese tan reservada).