tranquilo en una montaña
lo encontré una tarde,
de la capital a otra ciudad
iba yo a cobrar impuestos,
él hablaba como ninguno en la corte
ni como ninguno de los que mas pagaban,
mil peligros en el camino y la city
siempre yo me encontraba,
traidores y convenidos;
pero a él se le acercaban
niños y animales,
mujeres y ancianos;
algo en mi tocó aquel hombre
con su vida sencilla en el camino
juntando leña o frijoles
pero seguí en mi carroza a mi destino
mirando hacia atrás...
Al estar en mi púlpito
recibiendo en caja mi paga
en esas monedas brillantes
yo solo veía su cara....
y en los halagos del siervo
yo solo escuchaba su risa clara...
y en las doncellas esperando la cama
solo veía la anciana
a la que él le llevaba la canasta...
y en mi pecho como imán el corazón
a aquel camino me llevó.