Éramos huesudos allá por los ochentas,
que los perros nos tenían lástima al ladrar.
Éramos de la calle seca o mojada,
éramos de la época de los muchachos de pelo largo.
Nuestra mercancía era aretes y collares,
que las muchachas adquirían con admiración.
Teníamos el arte en la venas,
Poco descanso y grandes sueños.
Éramos de esa época
sin adelanto cibernético,
y fuimos como el viento,
cómo el frio y el calor.
Trazando nuestro propio camino,
nuestros rastros se perdieron,
hoy nos reencontrarnos,
como viejos amigos del ayer.
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Cajamarc 28-5-2026