Juan Muñoz

Espinela infernal

azulado, con sus pálidos de azufre,

mientras el gato desliza su gargajo;

si en el infierno no se cuida al que sufre,

se cuida y da abrigo solo al ser de abajo,

con su carne blanca que le alumbra el tajo.

​Con la llamarada animan al herido;

tras el gran grito, resuena el gemido:

la gran mano se clava en el espinal,

repartiéndonos frenesí visceral;

pues es la vida real y es tan...fatal.