¿Te cansarás un día de leerme?
Y si pasa, cómo podría yo culparte.
Este oficio de mis manos inquietas
marcado por el óxido de los días,
estas letras, tarde o temprano,
olvidarán la forma
que vos ya conocés de memoria.
Pero un día morirán los trazos
y entonces
te envolveré en un murmullo por las noches.
Te invocaré bajito a mis expensas,
para sentirme un poquito menos a la deriva.
Y voy a rezarte,
con esta obstinada fe de un hambriento.
Como se le reza a un santo
que nunca responde
pero tampoco me salva.