Permítame invitarle un café,
uno sencillo,
solo con unos cuantos colores
en su sonrisa,
sin prisas y con mucho mirarle,
y lo más importante,
sin incómodas luces
que opaquen la luz de su aura...
Solo usted y yo
compartiendo en un momento
todo el contexto de una fiesta eterna
y duradera para varios cielos y tiempos...
Mi destino de camino libre y alocado
le buscaba en el alma de mis versos,
más no quiero ser atrevido ni apresurado,
porque créame, que cuando le miro,
sé que ya le había mirado.
®.