Te guardo donde no alcanza el tiempo,
en el pliegue exacto de los recuerdos donde la realidad deja de doler.
No hay cartas, no hay fotos nuevas.
No hace falta.
Llevo tatuado tu “buenos días”
en la taza de café, con aquella sonrisa
que te invita a estar en la cama todo el día.
El amor está en el lugar más seguro que tengo, mi corazón y aunque la vida nos puso en distintos continentes, cada recuerdo tuyo es un juramento:
fuiste real, fuimos fuego,
y eso, ni el olvido lo toca.
Te amaré en el pasado,
te amaré en el presente continuo,
te amo en mi silencio eterno
donde nadie nos separa.
Porque lo que fue bello no se muere,
Y así te amo, sin testigos, sin futuro,
solo en secreto,
en cada recuerdo que florece cuando digo tu nombre muy adentro.
Fuiste, eres y serás
el amor que no se gasta,
el que me enseñó que lo infinito
cabe entero en un corazón roto, que a pesar la distancia curo una parte de mí.