Eres arte, libre poesía de versos transcritas en tu piel. Por eso me invité, libremente, a observar las suaves ondulaciones atrapadas en tu blancura. ¡Oh, qué bello paisaje me dije, mientras mi mente iba hilando lo que podía describir mi mirada! Así lo replicó el fondo de mis íntimas sensaciones, dejando en libertad mis intensos suspiros. Por eso, poco a poco me acerque a pedirte permiso para desafiar a mi propio tacto. De a poco fuiste abriendo tus alas y te mostraste enteramente hermosa para mí. Apareció suavemente ese primer abrazo, dejándome sentir en libertad tu arquitectura. Sin darme cuenta, fui pasajero de tu viaje, anhelando dibujar en tu lienzo con lustres de arte; al descubrirte, contemplé un hermoso espejo llenito de estrellas. Lo sabes: son hermosos tus nevus dispersos por la hermosura de tu espalda, diseminados como pinceladas de amor que recrean, libres, tus propias y privadas constelaciones; Siendo esa especie mágica que no cualquiera tiene la increíble posibilidad de ver. Que calidez se siente, cuando mis dedos caminan sobre ti, aprendiendo a ser suaves para calmarte, mientras mis brazos sabían que debían estrecharte con fuerza para llegar hasta el fondo de tu cuerpo. Qué detalles... Qué hermosas son las estrellas que iluminan tu espalda, invitándome a ser parte de un viaje capaz de describir trazos de suave misterio y sensualidad. Dales vida a mis dedos, los cuales, sin prisa, atraviesan los finos trazos que harán de mí un lector privilegiado de cada una de tus constelaciones, una y otra vez.