Algodones de azúcar, rosa pálido.
Lágrimas coloradas, tonos vino
tinto; pelo encrespado como pino.
Atardecer brillante, rubor cálido.
Mírame de frente, huesudo escuálido.
Mírame, mi niño, cordero albino.
Ojos sabor a almíbar... ¿me persigno?
Si bien no soy digno, ¿rezar es válido?
Echado en la cama y en estado grave,
he intentado calmar a tu conciencia,
sin saber en qué momento se agrave.
Ya no quiero más saltos de impaciencia,
pues pido por que tu vida no acabe,
pero sólo recibo tu indolencia.