Mañana es viernes, mañana voy a la guerra,
se han preparado mis entrañas sin más,
para repartirse a lo largo del camino,
como semillas de odio y de estupidez.
Allá, en la tierra que no es de nadie,
los sordos aullidos de los corazones me
acompañarán, haciendo fondo en mis oídos.
Ruidos definitivos por encima de ideas.
Y la tierra fresca de tantas lágrimas muertas,
con el cielo despintándose sobre las cabezas.
En casa quedará la ilusión siempre viva,
en casa quedarán los niños, creciendo,
poniéndose a punto como una fruta,
hasta que acaben su edad en el frente
o se acabe la guerra que nunca empezó,
esa de las que todos hablan, menos tú.
Y yo no sé decirte por qué se cae el tiempo
cuando aún no ha terminado de amanecer.