Vuelvo siempre a mi soledad, a la mesa gastada y el espejo, al Starbucks que nunca me espera y las tardes mordidas sin tiempo.
Vuelvo siempre a lo que no fue, a letras sin voz ni ecos. A un silencio de palabras sin fin, saboreando un café bien negro.
Vuelvo siempre a los viejos caminos, a un negocio que guarda secretos, siguiendo mis huellas perdidas, guardando recuerdos.
Vuelvo a contar luceros, a perderme en tardes desnudas, sin saber lo que escribiré mañana, consciente de que estoy perplejo.