En el silencio de la espesura del ocaso
se esconde la mujer temperamental,
aquella, que como el roble en mayo,
teje sus alfombras rosadas
y esparcen,en una gran nevada,
sus minúsculas criaturas aladas
con corazón de madera,
semillas sin destino,
sin conciencia,
con libertad del alma
que busca correr montada en el viento.
El eco introspectivo de voces delirantes
irrumpe la idoneidad de la travesía existencial.
El tronco fuerte de su corporeidad
se abalanza en su quietud
sobre las tempestadesavasallantes y los dolores de sus hijos.
Raíces fuertes alargadas en la angustia
por no perder su historia,
la historia de su tierra y la suya propia,
aquellas que intentan arrancar para producir el olvido:
“crimen de lesa humanidad”.