Oh, qué dulce hogar mío,
tan bien edificado,
sin espacios vacíos,
justo lo necesario.
Con paredes de pino,
de tan pulcro acabado,
de color rojo vino
y por fuera embarrado.
Me protege del frío
esa puerta envolvente,
con ventana de vidrio
para ver quién se acerque.
Mis sábanas de lino
son más que suficientes.
Del colchón ni te digo;
es algo inexistente.
Mi jardín es divino,
césped muy bien cuidado,
siempre lleno de lirios
con versos dedicados.
En la entrada un aviso
indicando mi nombre,
por si un advenedizo
se asomara de golpe.
Oh, qué dulce hogar mío,
que tú tanto has cuidado.
Mis celosos vecinos
solo miran callados.