Día 6
Sin previo aviso,
una bala fue directo a mi tórax,
como un encuentro inevitable
con mi muerte.
Y aun así,
sentí que seguiría viviendo,
de una forma menos humana
y más escrita.
Y le diré a la muerte:
—Yo no soy simple,
soy poeta.
No podrás mencionar mi nombre
ni mis errores
sin arrastrar también mi arte.