Lo más cansado no es extrañarte…
es fingir todos los días que ya aprendí a vivir sin ti.
Porque la verdad es que nunca aprendí.
Solo me volví experta en ocultar cuánto duele tu ausencia.
En sonreír mientras algo dentro de mí sigue buscándote en todas partes.
En hacer como si no importara, aunque todavía haya canciones que llevan tu nombre escondido entre sus notas.
Hay noches en las que el silencio pesa más que el recuerdo.
Y aun así, me acuesto abrazando la idea de que quizás, en algún rincón del mundo, tú también piensas en mí un instante antes de dormir.
La gente cree que el amor termina cuando dos personas se alejan,
pero no saben que hay despedidas que se quedan viviendo dentro del pecho.
Como una lluvia eterna.
Como un eco.
Como una herida que aprendió a hablar bajito para no preocupar a nadie.
Y aquí estoy…
siguiendo adelante, sí, pero no porque te haya olvidado.
Sino porque el corazón también se acostumbra a sobrevivir roto.