lictor Quevedo

Soneto a mi amada 

Es todo tan vasto, tan dulce y arcano,  
cual eco que danza sin fin en la bruma,  
lazo invisible que enlaza temprano,  
mi alma se ciñe a tu luz que perfuma.  

Tus ojos café, constelación callada,  
me envuelven, me elevan, me hacen temblar,  
en su abismo sereno mi voz se apaga,  
y en su hondura sin tiempo me dejo llevar.  

Tu silencio es templo, tu calma sagrada,  
un instante eterno que nunca se apaga,  
la paz que sostiene mi mundo quebrado.  

Contigo el tiempo se disuelve en canto,  
se torna suspiro, se vuelve milagro,  
y deja en mi vida su fiel resplandor