Reyes y esclavos,
oro y cadenas,
todos caminan
las mismas arenas.
Uno en palacios,
otro en dolor,
pero la muerte
no escucha el valor.
Las coronas caen,
se apaga el poder,
y el último sueño
nos viene a vencer.
No hay trono eterno,
ni eterno sufrir,
porque al final
todos han de partir.
Y bajo la tierra,
sin odio ni ley,
duerme en silencio
el esclavo y el rey.