O. B.

Ultimo capricho de corazón

Me voy
con la conciencia tranquila.

Porque yo sí mandé esos mensajes.

Yo insistí.

Yo lloré.

Intenté alcanzarte nuevamente.

Dejé que el alcohol me consumiera.

Que la soledad
me tragara
de pies a cabeza.

Permití que la tristeza
dominara mi cotidianidad.

Tanto,
que dejó de afectarme
solo a mí…

y comenzó a lastimar
también a los demás.

Todo
por aprender
cómo dejarte ir.

Acepté mis errores.

Y no me da miedo
mostrar el vestigio de amor
que todavía me queda por ti.

Una milésima parte
de todo lo que llegué a sentir
por tu sonrisa.

Sé que probablemente
nunca vaya a pasar…

pero si algún día regresaras
con lágrimas en los ojos,

yo todavía
las secaría por ti.

Y honestamente…

eso también
me molesta un poco.

Porque este dolor
que dejaste en mí

no quisiera volver a sentirlo
nunca más.

Créeme cuando escribo
que de verdad te quise.

Y que todavía deseo
que seas feliz.

Pero también
me quiero mucho a mí.

Y yo también merezco
ser feliz.

Así que tengo que seguir adelante.

Ya sea
cargando tu fantasma,

acompañado por alguien más,

o completamente solo.

Nunca entendí
a las personas
que lloraban
por amor no correspondido…

hasta que me tocó
padecerlo.

Hasta que me enamoré
de unos bonitos ojos

que ya no tenían
ni el menor interés
en verme a mí.

Y aunque a veces
me encantaría volver a verte

para reclamarte
todo el dolor
que llegué a sentir…

honestamente
no creo poder hacerlo.

Porque por mucho que sufrí…

siempre me será imposible
odiar a mi preciosa.

Y quizá por eso
todavía hay cosas nuestras

que siento
que me pertenecen.

Así que,
como el último
y único capricho de corazón
te pido…

por favor,
nunca dejes
que alguien más
te bese en la frente.

Que nadie
te acomode el pelo.

No permitas
que alguien más
te bese las manos.

O que se te quede viendo
fijamente a los ojos

y te dé besos de esquimal.

Porque esas eran cosas mías.

Y quizá en alguna otra realidad…

todavía existe un nosotros

al que todos esos gestos
sí le pertenecen.

Pero siendo así…

no solo me lamento
por mí mismo.

A veces también
me compadezco de ti.

Porque ya no vas a volver
a escuchar mis chistes malos.

Mis risas.

Las caras raras
que hacía sin querer.

Y sobre todo…

ya no vas a volver
a sentir mi forma de amar.

Mi esencia.

Mi ternura.

Mi alma.

Y la manera
en la que me derretía
por ti.

Yo sé
el amor tan bonito
que fui capaz de darte.

Y espero
que nunca olvides
cómo se sentía
ser amada por mí.