Perdóname, mi amor, por el descuido,
por las palabras que el impulso lanzó al viento;
no quise ser el ruido, sino el nido,
ni quise ser la causa de tu sufrimiento.
A veces el humano tropieza con su sombra
y olvida que el amor es un cristal sagrado;
mi alma te busca, mi voz hoy te nombra,
con el peso del error que he cargado.
No busco excusas ni busco razones,
solo el perdón que nace de tu pecho;
quiero limpiar nuestros dos corazones
y reconstruir todo lo que he deshecho.
Que este verso sea el puente de regreso,
una tregua al dolor y un adiós al enojo;
déjame curarte la herida con un beso
y volver a verme con paz en tus ojos.
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