Un eco de ultramar escucho atento,
que envuelto en las entrañas de las olas
trajeran a la playa caracolas
y su canción paz lanzan al viento.
Que en la bóveda añil del firmamento
se vea titilar a sus farolas,
que alumbren a las almas que están solas
y en dicha se transforme el sufrimiento.
Que cesen los horrores de la guerra
movida por bastardos intereses
que pagan inocentes con su vida.
Que en todos los confines de la tierra
se tornen en abetos los cipreses
y demos al amor la bienvenida.