Un yogurt, blanco
—que son los que me como
de mañana—, a medio comer,
y tras él el siguiente, a medio
comer, y así hasta agotar existencias.
Así fui cuando toda la vida
iba por delante, de sobra,
inconsciente, desperdiciando
energías que ahora aprecio.
Ese yogurt, hoy, me lo como
hasta rebañar, y ningún otro
pensamiento —en ese momento—
me desvía, tal que con solo uno
me sacio más que con el sinnúmero
que desperdiciaba antaño, ignorante
cual cervatillo retozando alegre
en su valle, insapiente de que existe
más que vive porque la palabra
vivir, si lo miras bien, es rebañar...
¿Dónde, en qué frigorífico se guardan
todos esos yogures que dejé a medio comer?
Que me los traigan, por favor, que con ellos,
solo con ellos, haría, hoy, ahora, un festín...