Javier O Ojeda

La Dama del Farol

 

Bajo la luna triste de la noche callada,
caminaba una mujer de belleza delicada;
cabello castaño al viento, facciones de fino trazo,
como un sueño que se escapa sin dejar ningún abrazo.

Iba descalza y sigilosa sobre la acera dormida,
acompañada tan solo por el murmullo de la vida;
un viejo farol doraba la blancura de su vestido,
vaporoso como una nube, ligero como un suspiro.

No buscaba ningún destino ni perseguía un lugar,
tan solo quería a su alma, paso a paso, animar;
dejar que la noche escuchara sus silencios y su andar,
mientras la luna velaba su manera de soñar.

Y al cruzarse junto a mí, sin detener su camino,
me regaló una sonrisa tan breve como el destino;
sus ojos guardaban historias que jamás pude alcanzar,
pero dejaron en mi pecho mil razones para amar.

Siguió de frente, serena, perdiéndose en la penumbra,
como una estrella lejana que apenas un instante alumbra;
y yo quedé contemplando la huella de su pasar,
con un suspiro en los labios y un nuevo sueño al despertar.

Porque hay mujeres que llegan sin siquiera imaginar,
y con la gracia de un  gesto 
nos motivan a soñar.

Como aquella dama blanca 
bajo el antiguo farol 
y la enamorada luna,
caminando en Salamanca
Deslumbrante como un sol
y hermosa como ninguna .