Mirrorink

Cuerda

La mariposa se fue.
No vuelve.

Bajó algo.
Lo toqué.
Me desgarró los dedos.
No era cuerda.
Era filo envuelto en buena intención.

El de arriba dijo \"sube\".
Yo abrí las palmas.
Vi mi carne partida como fruta pasada.
Dentro no había hueso.
Solo bichos blancos moviéndose contentos.

Abajo, las manos viejas me lamían la sangre.
No con lengua.
Con paciencia.

Él esperó.
Se cansó.
Se fue.
La cosa quedó colgando,
goteando mi propio líquido espeso.

Los gusanos preguntaron \"¿comes?\"
El árbol ofreció su fruto rojo.
Dije que sí.
Siempre digo que sí.

Porque si subo
y dejo este pozo tibio
y aprendo a vivir sin que me coman,
¿quién sostiene esta carne vacía?
¿Quién le da sentido a este olor a podrido?

Me quedo.
Las manos me envuelven como tripas.
El árbol me alimenta su mentira.
Los gusanos me cuentan los huesos que me quedan.

Allá arriba, la luz parpadea.
No me llama.
No me extraña.

Yo bajo la cabeza.
Abro la boca.
Entra un gusano.
Lo mastico.
Sabe a mí.