Nathanael Gellibert.

Resignación.

Dijeron que dichosos los que un día
su llanto sobre el cielo derramaron;
que su voz en vano no caería,
pues Jehová su Dios les ha escuchado.

Dijeron que mis lágrimas serían
contadas en silencio y con cuidado.
Que en una copa fina Dios pondría
el último compás de mi calvario.

Dijeron y dijeron, y ha llegado
la noche en que deseo ver cumplida
la promesa que Cristo me ha dejado.

Mas suyos y no míos son los tiempos
en que han de hacerse todas las promesas
al hombre, sin perjuicio de su herida.