Bruno Gatica 1

Sangre Tibia sobre Mármol Frío

Hay personas que llegan a tu vida como una plegaria; tú llegaste como una maldición hermosa. No apareciste con estruendo ni con promesas grandiosas, sino con esa calma inquietante de las tormentas que todavía no descargan su furia. Había algo en ti que se sentía peligrosamente vivo, como una herida abierta cubierta apenas por seda negra, algo que hacía pensar en sangre tibia sobre mármol frío, en dientes apretados para contener un grito, en el instante exacto donde el deseo y el miedo comienzan a confundirse. Desde el principio comprendí que acercarme a ti era parecido a entrar en una iglesia abandonada: el silencio imponía respeto, las sombras respiraban detrás de cada rincón y, aun así, resultaba imposible no quedarse contemplando la ruina.

 

Tu presencia comenzó a instalarse lentamente dentro de mí. Primero fueron detalles insignificantes: la manera en que mi habitación parecía más oscura después de hablar contigo, el eco de tu voz repitiéndose en mi cabeza durante la madrugada, la sensación absurda de que algo invisible caminaba detrás de mí cuando regresaba solo a casa. Luego vinieron las noches interminables, los pensamientos que olían a humedad y tierra mojada, las horas frente al espejo intentando descubrir en qué momento mis ojos empezaron a parecerse tanto a los tuyos.

 

Nunca supe amarte sin miedo. Había ternura en tus manos, pero también una violencia silenciosa, semejante al mar antes de tragarse un cuerpo. A veces sonreías y el mundo parecía detenerse unos segundos; otras veces tu silencio bastaba para convertir cualquier lugar en un mausoleo. Sin embargo, me quedé. Me quedé porque algunas personas no llegan para salvarte, sino para abrir una puerta dentro de ti que jamás debió existir.

 

Y desde entonces vivo así, habitado por tu sombra. Las noches crujen distinto, las paredes parecen observarme y el amor dejó de sentirse humano para convertirse en esta cosa oscura y luminosa que todavía late dentro de mi pecho, como una vela encendida en medio de un funeral.

 

Bruno Gatica

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