Que los ángeles del cielo
raudos te nieguen la entrada,
mientras tu alma desgarrada
se desploma contra el suelo.
De regreso a nuestro mundo,
golpearías a mi puerta.
Ya sea que estés viva o muerta,
te devuelvo a tu sepulcro.
Ahí es cuando Lucifer
te recibe en su morada,
y luego eres rechazada
por rivalizar con él.
De vuelta en tu fría tumba,
sola junto a tus pecados,
ya que moscas y gusanos
se alejan, pues les repugnas.
Y en tanto en tu lecho imploras
que Dios expíe tus culpas
o que el suelo te consuma,
me ensaño yo en tu memoria.