Marvin Ramirez

Soledad

Pídele a esta soledad que te nombre menos. Me basta con tu ausencia, con este saber que no vas a volver.

 

¿Por qué se empeña en preguntar qué haces, en qué rincón te escondes? En este exilio al que fui condenado, ya no sé si me acompaña o me destruye.

 

Me habla de ti cronometrando el día: en el alba, a la tarde, y cuando la noche estira el silencio como un hilo delgado.

 

Eres el centro de su universo. Y aunque le ruego que te olvide, al menor descuido soy yo quien te nombra, dejando tu miel en mis labios.

 

Ella se burla de mi derrota y sigue, sabiendo que el eco de tus pasos es el único idioma que nos queda.