Desde aquí,
donde domina la libertad;
desde los caminos sobre los labios,
encima de la brisa
que me hace enmudecer
con los pasos imaginarios de la noche,
donde pululan las palabras
de la respiración sobre el mar,
entregado
a la llaga cristalina del silencio
que atraviesa una mancha,
me inclino
hacia la orilla de tu sombra.
Y allí descubro
la lenta geometría del deseo:
un trazo invisible
que tiembla
entre la sal
y la memoria.
El tiempo,
suspendido
como una gota
en el filo del alba,
se deshace lentamente
en la cavidad de los nombres.
y mi voz
apenas un eco,
busca la forma
de habitar tu latido.
Hay una claridad
que se rompe
en los párpados del horizonte;
una luz
que no viene del día,
sino del fondo mismo de la herida,
donde todo comienza a decirse
sin palabras.