Kevin Arias

Girasol

Hoy como siempre, pensé en ti.
En tus frágiles manos, tus cálidos abrazos,
tus simétricos labios, tu dulce voz,
hoy como siempre, pensé en ti, pero hoy más que nunca.

Las rosas que deslumbran por todas partes;
orquídeas que brillan junto a los tulipanes,
pétalos coloridos que no pintan mi vida. 

Perdido en aquello que no está conmigo,
en aquello tan tuyo, que para mí es prohibido,
tu recuerdo, tu presencia, tu aroma, tu calidez,
tu sonrisa que alumbra incluso mi escasez.

Y entre jardines llenos de perfumes y color,
mis ojos solo buscan la forma de un girasol,
porque en medio de lo simple descubrí la maravilla
de pensar en tu nombre mientras el viento brilla.

Dicen que el girasol persigue siempre la luz,
como si el cielo le hubiese marcado una cruz,
y yo, sin quererlo terminé igual que él,
girando lentamente cada vez que pienso en tu piel.

Hoy entendí por qué te gustan tanto esas flores,
por qué miras el verano distinto a los demás colores,
porque tienen tu esencia: callada, cálida y sincera,
como quien ilumina sin darse cuenta siquiera.

Y aunque no estés conmigo,
aunque seas un sueño escondido,
hay algo tuyo viviendo en cada atardecer,
en cada rayo dorado que me obliga a volver
a pensarte despacio, como quien mira el sol
y encuentra en el silencio el alma de un girasol.

Hoy como siempre, pensé en ti.
Pero hoy, más que nunca,
te encontré floreciendo dentro de mí.