Cruzaste hoy por la calle pasajera de mi morada.
Vi tu silueta, aquella que con ansia recordaba.
Bien podría haber sido otro, como en aquella madrugada,
pero te he visto, yo sé, por ese instante que fue nada.
Querría mi hogar recibirte con abrazos,
fijarnos en la meta al compartir llamados,
afuera encontrarnos conocidos, cercanos,
pronunciar tu nombre con firmeza
sin titubeo desalmado.
¿Qué fue para vos la divina providencia?
¿Cuántos de tus pasos así
se me fueron regalados?
¿Cuánto de mi ser
te terminó debiendo algo?
Calamidad carente de significado
cuando se perdió aquello acordado,
cuando me diste de tus irreflexivos pasos
y de piedad filial quedamos adeudando.
Cruzaste hoy por la calle pasajera de mi mirada.
Vi tu sonrisa, aquella que con ansia recordaba.
Bien podrías haber sido vos de niño,
como en aquella trágica madrugada.