Al este del camino que nos vuelve a Venecia
el tiempo se detiene tranquilo en tu mirada.
Imagino pasados e historias inventadas
en tu cuerpo que esconde la ruta de la seda.
Adivino en tus ojos paisajes olvidados.
Recorro con mis dedos esa piel de manzana,
con mi lengua el sabor de canela en tus labios,
el aroma que tienen las almendras amargas.
los perfumes que portan caravanas de oriente,
las rutas que atraviesan la vieja Samarcanda,
desiertos estrellados en las noches silentes.
Regreso a mi presente, regreso a tu mirada.
El primer viento frío del otoño te envuelve
y la tarde se muere en sombras alargadas.