Se abre la jaula del pájaro dormido
Que al alba emprende un vuelo del que no ha de volver
Pues quien anidó sus pesares en un cuarto frío
Ya ha roto las cadenas que apresaban a su ser
Las manos rudas de la limerencia
Que lo mantenían embriagado en sueños de amor
Le sacaron de sus ojos, la venda
Y del no ser amado, nació el temor
No fue la dulce esencia lo que le atrajo
Fue más bien el reflejo de su carencia
Era él mismo siendo otro pájaro
Lo que hundía a su corazón en demencia