José Luis Barrientos León

Como el primer beso

 

Te sigo queriendo como el primer beso,

con esta alegría de animal que vive,

porque no me queda de otra, porque me da la gana,

porque mi cuerpo te reclama en este cuarto solo.

 

Al diablo el relevo de las cosas vividas,

el pasado es un muerto que no desangra;

yo prefiero la expectativa de los pasos nuevos,

el golpe de luz de la mañana, tu boca fresca.

 

Te quiero como el primer día de un sentir ingenuo,

cuando el amor nos cae encima como una enfermedad,

como el artesano loco de mi fantasía,

que te moldea con tierra, con saliva, con ganas.

 

A veces te quiero con la algarabía de un niño ingenuo,

haciendo un ruido infernal en las costillas,

y otras veces con el gemir severo de una noche fría,

como un rezo de ancianos en el abandono.

 

Pase lo que pase, te sigo queriendo.

con la garantía de mis pobres sueños,

que son poca cosa, pero es lo único que tengo.

 

Son empeños, necedades de mi sangre,

porque todavía el alma mía se aferra a seguir creyendo,

coja, limpia, terca, viva.

 

Te quiero como el primer día, como el primer beso,

ese que nos dejó temblando en la esquina,

y el primer exceso de añoranzas que dolió en el estómago.

 

Como la pequeña ofrenda y el desorden del primer intento,

como el argumento de una profecía que nos condena.

Y me ahoga con mis propios sentimientos;

lo que llevo adentro metido, guardado,

se convertiría en una jauría de mis propios afectos.

 

Como el primer día, eres mi gaviota, mi lancha, mi tabla,

la estrella y el viento de mi osadia.

mi locura, mi mejor acento, mi soberanía,

la dueña de mi cama, a ras de tierra, con los ojos abiertos,

como el primer beso te seguiré queriendo.