Angel Samuel

Aquel hombre romantico

En su irresistible fermosura

Veía lagrimas cayendo como lunas

Haciendo un firmamento

O tal vez un monumento.

 

Que era inefable

Era incomprensible

Era indescifrable

Era indudable.

 

Aquella dama de rizos marrones

Me había dado mil razones

Para seguir viendo sus ojos azules

Que eran inusuales.

 

No había duda que esa dama

Prendía una grandiosa llama

Que hace un lindo caligrama

Que dice que me ama.

Autor: Samuel Fuentes