Un buen augurio nos depara
en este otoño,
las voces secretas del amor
se levantan,
las almas nos custodian
en silencio
y nos condenan a ser espejos.
El amor es una muralla invisible que nos espía desde el interior,
y es en su encadenamiento invisible
que el deseo tiene un portador,
ya ahora nos queda la tarea
de desafiar a los dioses,
que nos envían señales
a través
de estrellas y constelaciones, haciendo de nuestra voluntad
la viva imagen de sus voces, sembrando en nuestro ser
sus deleites y sus derroches.
¿Hasta cuando ocuparemos el cielo con signos finales
en tiempos de fuego?,
si una entidad superior nos cuida desconocemos,
más si un santo diablo poblara nuestro terreno,
reconoceríamos
el sueño y la pesadilla
al mirarnos en ese otro espejo.
¿Qué cosa me pasará
cuando extienda mis pasos
más allá del desierto?,
juntemos rosas mientras podamos, la fragancia de la primavera
es eterna vanidad
y romance exiliado,
invoquemos al amor mientras estamos vivos,
mientras la luz no mueve
hacia la noche
donde existimos y no lo sentimos.
Acostado en la oscuridad,
veo a este mundo desvanecerse suavemente
y cada vez mi memoria configura el pasado nuevamente,
y el día yace en nuestros ojos
con su tiempo indiferente, atravesando la fronteras
de las almas
y haciendo de la piel
un nuevo cielo de gente,
en la próxima luna
el miedo saldrá de su cueva oscura y la revolución interior
estará al borde abismo,
donde el vértigo responde mirando con ojos de niño
a ese fondo infinito y comprendiendo que es un portal hacia uno mismo.
¿Por qué ir tan lejos
cuando la libertad nos alumbra
desde cerca?,
el espejo que vemos es mentira
y es presencia,
en nosotros el sol se refleja,
el lento reloj,
y el dios que nos sueña,
la patria es un espejismo
que nos aleja
de nuestra verdadera naturaleza, errantes del amanecer,
amantes de las promesas.
Conserva la calma de los pueblos
y mira más allá del horizonte,
que los muertos
observan a los vivos,
que el amor deja vestigios
en la conciencia
y florece en los hombres
como religión o ciencia,
ya que circula en el corazón,
como enfermedad
y también como cura
Los sabios se estarán yendo
a volar entre los relojes eternos, insaciables,
en busca de tesoros nuevos,
que la vida ocultó
en un laberinto eterno,
hecho de sueño,
(indescifrable el enigma en hebreo) los viejos dioses concedieron
una oportunidad
a un joven guerrero,
encadenado
a la lengua de un dragón,
aún esperanzado
por descubrir el viejo idioma
que lo liberte
del maleficio encantado.
Triste es el paraíso sin almas
y nadie se salva
del sendero de fuego y de agua,
aún el universo conserva
los secretos de los viejos dioses, que con sus oscuras voces
siguen resistiendo el tiempo, jugando con el espectáculo
del laberinto
donde las puras almas
están envenenadas de ilusión
y nunca se salvan
del laberinto,
que es eterno,
como el horror y la imaginación.