NO HUBO SAGRADOS ÓLEOS
(Estructura poética: CUARTETOS HEXADECASÍLABOS U OCTONARIOS)
Entre los vidrios de mar, irrumpen jirones solares.
Jirones de hierro ardiente, al ámbar atemperado.
Ámbar a luciérnaga diurna clandestina atado.
Luciérnaga que aluzó al mismo Neptuno en sus altares.
El dorado se transmutó a índigo azuleando,
azuleando violento la transparencia del agua,
de la que se abrió paso tu boca alumbrada en la fragua
para acariciar mis labios, por centurias esperando.
Despojada de atavíos tanto cuerpo como mente,
tan solo alcancé a percibir la espuma de tu aliento.
Tu seda la robó una ola empujada por el viento;
seda de tu piel que mendigaba mi ser indigente.
Se trocaron, como luz y oscuridad en el ocaso,
lo albugíneo de tu deseo con lo bruno del mío.
La piedra que latía en mi pecho se lanzó al vacío
confiando en que, por salvarla, dieras el primer paso.
Exhalé mudos alaridos que se tragó el salobre.
Ingerí mis propios besos al no poder alcanzarte.
Mis brazos se entumecieron al no poder abrazarte.
La exuberancia de mi anhelo y pasión se volvió pobre.
Y es que tú te sumergiste en el translúcido olvido.
Te extraviaste entre algas y te nacieron escamas.
Los carámbanos que yo lucía se tornaron llamas
y ya, ceniza y humo, levité a lo desconocido.
Ahora queda el memorándum de unos versos compungidos,
grabados en el firmamento por un astro extraviado,
que se reía, el infame, al marcharte tú de mi lado.
Gracias doy al cielo que no fuimos por óleos ungidos.
Loly Canillas García.