Una rosa es una rosa,
se parece mucho a un beso,
pues la flor en su proceso
tiene un matiz pasional.
Parece espiritual
el contemplar su belleza,
asombra por su pureza,
ese color natural.
Sus pétalos, su fragancia,
son símbolos de pasión
que logran en su eclosión
el súmmum de la elegancia.
Radica su fortaleza
en sus agudas espinas,
que cual lenguas viperinas
la defienden con crudeza.
Efímero resplandor,
quisiera que en Primavera,
entre sus brotes, naciera
la semilla del amor.
Classman