Rafael Blanco López

Antes del viaje

Parto hoy.

 

En mi mochila un poco de ropa, y una cabeza demasiado cansada de mirar siempre el mismo paisaje.

 

Me voy con la mejor compañía que pueda imaginar, porque la sangre nos une y el fraternal cariño nos atrapa.

 

No me voy buscando paz.

 

O no exactamente.

 

La paz me parece una palabra demasiado grande para alguien que todavía tiene preguntas haciendo ruido adentro.

 

Creo que me voy porque necesito salirme un poco de mí.

 

Quiero pararme frente a una pared de hielo antiguo y escuchar cómo cruje. Pensar, aunque sea un segundo, que el mundo todavía se está rompiendo en alguna parte y que yo apenas soy alguien de paso mirando.

 

Quiero el ruido absurdo de aguas cayendo sin pedir permiso, esa violencia hermosa de algo que no necesita explicarse, el aire húmedo pegándose a la piel hasta que no quede mucho espacio para pensar.

 

Quiero cansarme caminando.

 

Que me duelan las piernas.

 

Tener hambre a horas raras.

 

Dormirme agotado por algo distinto a pensar demasiado.

 

Quiero montañas escondiéndose entre nubes, selvas respirando algo que no entiendo, el mar extendiéndose tanto que uno termina sintiéndose un poco ridículo por creer que sus problemas eran inmensos.

 

Quiero mirar una ciudad latiendo allá abajo, toda encendida, toda apurada, mientras arriba una figura enorme abre los brazos al cielo sin decir absolutamente nada.

 

Y quizá eso me guste.

 

Que no responda nada.

 

Porque estoy cansado de las respuestas rápidas.

 

Parto hoy porque algo dentro de mí necesita sentirse pequeño otra vez.

 

O distinto.

 

Aunque sea apenas un poco.

 

Y cuando vuelva -porque supongo que uno siempre vuelve- ojalá algo se haya movido por dentro.

 

No algo enorme.

 

Solo lo suficiente para no mirar la misma vida exactamente con los mismos ojos.

 

-------------

Rafael Blanco López 

Derechos reservados