O. B.

Se nos agotó la tinta

El corazón quiere
lo que el corazón quiere.

Y aunque el mío te haya querido a ti,

sé que el tuyo
realmente nunca terminó
de quererme a mí.

Supongo que fuimos
un amor escrito a la mitad…

un cuento
abandonado por el autor.

Porque nuestras manos
sí conocieron la calidez.

Y nuestros corazones
aprendieron la frecuencia
de sus latidos.

Pero aun así…

fuimos una historia
que el destino
no quiso terminar de contar.

Y honestamente,
a estas alturas,

la falta de un cierre bonito
ya no me duele tanto.

Porque al menos
tuvimos un final.

Y yo ya estoy
demasiado cansado
como para seguir reescribiéndolo
en mi cabeza.

Ahora incluso tengo la audacia
de volver a los lugares
donde compartí tiempo contigo,

en este intento absurdo
de superarte.

Sabiendo
que algo de tu presencia
todavía sigue ahí.

Como palabras viejas
marcadas entre las páginas
de un libro
que no he podido cerrar.

Y quizá estaba escrito
que sí me querías…

pero la idea de una vida conmigo
nunca fue suficiente para ti.

Y supongo
que tampoco puedo culparte por eso.

Ni siquiera yo mismo
estoy seguro
de entender muchas cosas todavía.

Sigo sintiendo
pesada tu ausencia.

Lamentando que nuestros momentos
hayan significado más para mí
que para ti.

Y todavía no entiendo
cómo pudiste seguir tan rápido,

mientras yo sigo atrapado
en esta espiral absurda
de sentir
que esto nunca va a terminar.

A veces me siento
tan insuficiente…

como si solo hubiera sido
otro personaje secundario
en tu historia.

Alguien fácil de reemplazar.

Pero supongo
que nunca se trató
de quién olvida primero.

Sino de quién logra encontrarse
a sí mismo primero,

después de haberse perdido.

Y el mundo jamás
se va a detener por nadie.

Mucho menos
por un tonto enamorado.

Así que supongo
que ya es momento
de dejar de lamerme las heridas
y seguir adelante.

Aunque todavía me pregunto
si realmente sigo extrañándote…

o si simplemente
extrañarte
se volvió parte de mi rutina.

Porque cuando creo haberte olvidado,

recuerdo algo extraño,

que tal vez un día
pueda olvidar tu voz.

O incluso tu rostro.

Pero jamás podría olvidar tu alma.

El corazón
que tocó el mío…

y que, aun sin quererlo,
me convirtió
en la persona que soy ahora.

Empezaste siendo
una hoja en mi vida.

Y terminaste convirtiéndote
en un libro entero.

Uno sin final.

Porque se nos agotó la tinta
antes de terminar de escribirnos.

Y después de tanto tiempo…

realmente estoy cansado
de buscar el final
de una historia
que nunca estuvo destinada
a empezar.