Como la vida,
que sin amor
no puede comprenderse.
O el amor,
que no es obsesión,
posesión
ni necesidad.
Si dos más dos son cuatro,
y cuatro más dos son seis...
¿cuántas vidas se necesitan
para entender
que nada es apariencia,
sino verdad?
Y así, entre lo que somos:
el amor,
el ser
y el estar...
salvo las sombras
del ego y del yo,
que nos hacen creer
en la separación...
¿qué diferencia hay?
Si como la luz
que da paso al día:
dos más dos, cuatro.
O como el tiempo necesario
ante el nacimiento
de una nueva vida,
haya sol, lluvia o niebla...
cuatro más dos,
siempre seis.