Jesús Ángel.

Dos más dos, cuatro. Cuatro más dos, siempre seis.

 

Como la vida,  
que sin amor  
no puede comprenderse.

O el amor,  
que no es obsesión,  
posesión  
ni necesidad.

Si dos más dos son cuatro,  
y cuatro más dos son seis...

¿cuántas vidas se necesitan  
para entender  
que nada es apariencia,  
sino verdad?

Y así, entre lo que somos:  
el amor,  
el ser  
y el estar...

salvo las sombras  
del ego y del yo,  
que nos hacen creer  
en la separación...

¿qué diferencia hay?

Si como la luz  
que da paso al día:  
dos más dos, cuatro.

O como el tiempo necesario  
ante el nacimiento  
de una nueva vida,  
haya sol, lluvia o niebla...

cuatro más dos,  
siempre seis.