Fabio de Cabrales

Florencia

Yo adoro una Verona con alma de Florencia,
que tiene a un joven Dante dentro del corazón,
y carga con su barca por la Estigia violencia,
como un demonio bello o un ángel de Alenzón.

 

Ella tiene en sus manos dedos de somnoliencia,
con que toca las flores con leve excitación:
pareciera ella un lirio de teñida impaciencia,
que bailase en el nimbo de su propia ilusión.

 

Yo adoro sus pupilas de abismos rebrillantes,
su rostro blanco y bello, sus labios refraguantes,
sus lúgubres banderas de refúlgida sal.

 

Y adoro más que nadie sus risas deshojadas,
sus músicos suspiros, sus aguas derramadas,
y sobre todo el ópalo de su vista fatal...