La ley de las primaveras
(Versión Declamada)
En los archivos secretos de las horas,
allí…
donde el destino no improvisa…
ya existía el eco de tu risa
antes de que cruzáramos auroras.
No fue un azar de vientos y de aceras.
No.
Ni un golpe de fortuna en la neblina.
Nuestro encuentro…
era la ley que dictamina
el orden silencioso
de las mil primaveras.
Había un hilo invisible…
tenso…
ciego…
durmiendo entre dos manos que no saben
que el alma puede esperar años
antes de encender su fuego.
Y estaba escrito.
No en palabras.
Nunca en palabras.
Estaba escrito
en cada herida.
En cada fractura.
En cada sacudida.
En cada despedida que creíamos inútil
mientras el tiempo…
afilaba el camino hacia esta llegada.
Y en el andén puntual de la existencia…
cuando el invierno ya nos habitaba…
llegó el tren
que el corazón soñaba
con exactitud de antigua providencia.
Entonces bajaste tú…
vestida de futuro.
Y se desplomó en silencio cada muro.
Porque no nos buscamos.
La luz…
nos dispuso.
Tal vez el amor verdadero
sea eso:
una cita escrita
mucho antes
de aprender a pronunciar nuestros nombres.