El día que llegues
te estaré esperando,
con rostro sonriente
y la frente en alto.
Me rendirás cuentas
por lo que he sufrido,
al cerrar tu puerta
y negar tu asilo.
Te he visto rondando
lugares cercanos.
Amigos y hermanos
se han ido a tu lado.
He oído que anhelas
reunirte conmigo,
que lees mis poemas
con mucho cariño.
Me han dicho que temes
hundirme en tus senos,
que pierda mi mente,
mi aliento y mis sueños.
Como un vil esclavo
de tu cruel castigo,
vivo fantaseando
ser uno contigo.
Quizás nunca vengas,
como es de esperarse.
Quizás no me atreva
a ir a buscarte.
El miedo es inmenso
y el dolor latente.
¿Quién está dispuesto
a estar con la muerte?